Votar por la decencia
La palabra política de moda es la palabra “polarización”. No solo en Colombia. Los americanos, que han mantenido un muy estricto bipartidismo desde la guerra civil, también parecen sorprendidos de que sus dos únicos partidos “dividan” a la nación en dos polos. Como si la aritmética no fuera tan obvia. ¿Cuántos polos suman uno más uno?
Los periodistas colombianos también se muestran sorprendidos, como si los dos polos de siempre no se hubieran matado con inenarrable crueldad y creatividad por casi 20 años en un momento de la historia que ahora conocemos como “la violencia”-
Así que esta supuesta polarización no es exclusiva de estos tiempos. Nada nuevo. Se me ocurre que los que así la presentan la usan como una narrativa de normalización reaccionaria: No hagas tanto ruido, no digas cosas altisonantes, no querrías contribuir al ambiente de tensión. Y claro, en Colombia ya sabemos la facilidad con las que los diferentes se van a las balas y a las motosierras, así que la advertencia no es totalmente vacía. Claro que importan los llamados a la mesura de actos y discursos en un país tan proclive a la violencia.
Lo que sobra es la idea de que la polarización nos conmina a una suerte de relativismo moral. Que para evitarla estamos obligados a aceptar la ridícula equivalencia entre un tipo como Abelardo de La Espriella y otro como Iván Cepeda. La idea de que los dos son opciones equivalentes. Hay que decirlo clarísimo: Abelardo de La Espriella es un abogado de mafiosos y grandes estafadores que ha hecho una fortuna que parece muchísimo más grande que la de los buenos penalistas Colombianos (Lombana y Granados no tienen aviones) a través de maniobras oscuras. Once congresistas americanos han documentado las sospechas de lavado de activos y nexos con paramilitares que recaen su contra. Es un tipo que sugiere que las colombianas jóvenes van a votar por él por el tamaño de su paquete. Ha sido acusado de robo por el peor estafador en la historia de Colombia, el fundador de DMG, a quien antes defendía como una suerte de visionario que se había inventado un modelo de negocio “que le cumplía a la gente”, aunque a todas luces era un esquema de Ponzi. Es un acosador de periodistas y un enemigo de la libre expresión. Nunca ha servido a Colombia en ningún tipo de capacidad. No entiende el concepto de servidor público. No tiene mayor formación académica. Dice verdaderas estupideces con estremecedora autoconfianza cada vez que sale en televisión. Salió a decir a viva voz que iba a destripar a la izquierda, que iba a terminar la membresía de Colombia en las instituciones internacionales. Calcó la estrategia del “outsider” de Donald Trump para pasar a segunda vuelta pero su papá tuvo dos notarías, asignadas a dedo por el gobierno Uribe, aunque dice que nunca ha vivido “de la teta de la nación”. Es un espantajopo muy narcisista.
Al carajo con la polarización: Votar por Abelardo de la Espriella es una verdadera vulgaridad. La misma vulgaridad que eligió a Donald Trump y a sus secuaces, que erosionaron las instituciones americanas y se entregan a la corrupción sin vergüenza alguna, reiniciando guerras que ya estaban saldadas cuando les baja la popularidad para luego terminarlas cuando sube el petróleo, haciendo más concesiones al enemigo que las que hicieron gobiernos anteriores.
Esta es una nota corta porque ya casi sale la gente a votar, pero hay que decirlo sin miedo a ser acusado de polarizante: Hay suficiente evidencia para asegurar que un voto por Abelardo de la Espriella es una verdadera equivocación moral. Solo sería aceptable de una persona que haya vivido encerrada en una cueva por los últimos 50 años y despertara como por arte de magia en un mundo el que las noticias fueran el monopolio de la nueva revista Semana de Vicky Dávila. El voto también es un acto de responsabilidad moral. Votar por Abelardo de La Espriella no tiene excusa o racionalización. Es una indecencia. Si las elecciones fueran entre un simio y Abelardo, entre un zapato y Abelardo, habría que votar por el simio y por el zapato. Un buen amigo debería decirle a uno estas cosas. Aunque a uno le parezca muy polarizante.
Disclaimer: Esta nota fue escrita en Bogotá, Colombia, el 21 de Junio de 2026.