La música de los Hermanos Gutiérrez
Los Hermanos Gutiérrez se visten con una suerte de estilo chicano, que es, entre otras cosas, la forma de vestir que inventaron a mediados del siglo XX los mexicoamericanos que, viviendo en Los Ángeles y otras grandes ciudades de Estados Unidos, decidieron combinar la herencia mexicana con la ropa de la clase trabajadora estadounidense. Sin embargo, los Gutiérrez fueron criados en Suiza por una madre ecuatoriana y un padre suizo, así que cabe preguntarse qué tanto del look es apropiación pura y dura. No creo que sus frecuentes visitas a Ecuador los hayan expuesto a la cultura y a la estética mexicoamericanas.
Se llaman Alejandro y Estevan, y son dos de cuatro hermanos. Estevan, el mayor, toca la guitarra eléctrica y la percusión; Alejandro, ocho años más joven, toca la guitarra eléctrica y el lap steel (también conocido como guitarra hawaiana).
Y si sus atuendos parecen chicanos, su música suena decididamente mexicana. Se trata de una especie de música instrumental de guitarras que evoca la soledad del desierto mexicano y los sonidos de la ciudad. Algunas de sus canciones parecen una evolución del sonido de Carlos Santana: un blues rock contemporáneo con elementos latinos y de Texas blues. De hecho, la primera comparación que viene a la cabeza, aparte de Santana, es Rodrigo y Gabriela, el dúo mexicano de guitarras acústicas que ganó el Grammy al mejor álbum instrumental contemporáneo en 2020 y que parece compartir la misma falta de inspiración a la hora de escoger un nombre. Aunque estos últimos tocan a un tempo endiablado, comparten con los Gutiérrez un gran cuidado por las armonías y las alusiones melódicas al desierto.
Vale la pena escucharlos porque hacen una música que suena universalmente latinoamericana. Suenan exactamente a lo que sonaría una guitarra sacada de los desiertos mexicanos y sometida al inner city blues de la gran urbe.