Me pregunto si entre toda esta maraña de cables se halla perdida alguna idea o revolotea un recuerdo que ya no se tiene en cuenta. Lo que es cierto es que sobre este escritorio no hay una sola manguerita de éstas, ni larga ni corta, que sea inútil o que haya entrado en desuso. Todas se necesitan.
Las casas del mundo se llenan de alambre y de ese monton de serpientes sin las que la vida sería imposible. Este no es el mundo de la gente sino el mundo de los cables.
Puede parecer escalofriante y no es extraño que el miedo embargue cuando los rincones empiezan a llenarse de pequeñas cuerdas enroscadas, pero aquello es paranoia innecesaria.
Yo las miro con cariño. Si es que son víboras las que se entrelazan en esta maraña que reposa sobre mi escritorio, ya han perdido el veneno. Casi siempre transportan y escupen música.
