lunes, febrero 07, 2022

Las muchas vidas de Gustavo Petro

Una reseña crítica sobre las memorias del hombre que podría ser el próximo presidente de Colombia.

Hay buenas razones para leerse las memorias de Gustavo Petro. Quizá la más importante es que se trata de la compilación de historias de vida del hombre que según las encuestas podría ser el próximo presidente de Colombia. Y en ese sentido el libro no decepciona: Es un buen texto para tratar de acercarse a la vida de este hombre político en la medida en que no parece uno de esos libros mandados a hacer, como los de los políticos Americanos, sino que hay en él una voz muy personal y una cierta consistencia narrativa que hace pensar que Petro se tomó el trabajo de escribir cada línea. 

Pero esto me lleva prematuramente a la primera crítica: El libro está lleno de erratas. Hay errores tipográficos y errores de redacción casi de principio a fin. (La palabra papa se intercambia por papá, por ejemplo). Hay tantos de estos descuidos que me pareció muy extraño que Carolina Sanín, una cuidadosa mujer de las letras y las palabras, haya sugerido en esta entrevista que las memorias están muy bien escritas. A las futuras ediciones les urge la mano cuidadosa de una editora que se ocupe de estas erratas y tal vez la de una correctora de estilo que le dé algo de profundidad a esa melosa voz en primera persona que propone el autor. Gustavo Petro escribe como si estuviera hablando. La escogencia de palabras es muy rápida, como la de quien recita un discurso. “Una vida, muchas vidas” es por lo menos en este sentido el equivalente escrito a una de esas sesiones de oratoria en plaza pública que tanto le gustan al autor. 




Y esa es precisamente una de las sospechas que uno tiene sobre estas memorias. No estamos ante el texto de un hombre enfermo o vencido por la edad que intuye la cercanía de la muerte, de manera que cabe preguntarse qué es lo que lleva a Gustavo Petro a escribir estas memorias tan tempranas. Cabe preguntarse si esta compilación de memorias no es más que un calculado ejercicio de marketing político.

Pero antes de lanzar hipótesis sobre las motivaciones del autor, sigamos con otro tropiezo más bien formal: El prólogo de Hollman Morris es realmente inane. Se trata de uno de esos prólogos que parecen escritos por alguien que no se tomó el trabajo de leer el libro que prologa. No sugiere una lectura, no nos cuenta por qué se trata de una obra importante, no aporta realmente nada. A las ediciones futuras les vendría bien un prólogo menos lisonjero y más sustancioso. Un prologo -de verdad-. 

Después de superar el texto de Morris nos topamos con la primera parte de las memorias, que es una narración de la infancia de Gustavo Petro. Se trata de un comienzo fugaz, de un recorrido por la infancia del autor a toda velocidad y mediado por frases más bien torpes: “La infancia es un territorio de imágenes, de instantáneas que permanecen en la memoria sin que sepamos del todo por qué unas se quedan allí y otras se pierden para siempre (…)¨ nos dice, por ejemplo, el autor. 

Pero algunas de estas imágenes que se han “quedado allí” y que lograron un lugar en el libro tienen un tema recurrente:

“Como mantenía una relación estrecha con la lectura, en La Salle sacaba provecho académico, y muchas veces pude corregir a los profesores o adelantarme a lo que iban a decir.”

“Cuando entré a La Salle, empecé siendo el primero del curso durante todos los meses y nunca dejé de serlo. Me ayudaba mi amor a la historia, la geografía y mi buen nivel en matemáticas. Desde el primer mes ya estaba por encima del resto de mis compañeros (…)”.

En su relato de infancia el autor tiene una cierta necesidad de hablarnos sobre su excepcionalidad. Gustavito era un gran lector, era “el primero del curso”, Gustavito estaba “por encima” del resto de sus compañeros. Y aunque no creo que este sea el tema central de las memorias de Gustavo Petro (no creo que puedan reducirse a un arrebato de narcisismo) sí creo que hay una buena dosis de desvergonzada egolatría desperdigada por todo el libro. Es imposible saber si se trata de la dosis promedio de narcisismo que tiene todo aspirante a la presidencia o un cierto indicio de las razones por las cuales Petro es tan polarizante incluso en las filas de la izquierda. (No se lo aguantan ni Robledo ni Navarro, por ejemplo). 




Lo que sigue después de ese recorrido por la infancia de Petro es un documento importante sobre el surgimiento del M-19 y la forma en la que este operaba. Hay un claro interés del autor en señalar las características que diferenciaban ese movimiento armado de las otras guerrillas. A pesar de que el propio M-19 proclamó en su momento: “Con el pueblo, con las armas, al poder”, Petro hace hincapié en que esa guerrilla, a diferencia de los otros grupos armados, nunca se concibió a sí misma como un ejercito rural cuyo objetivo era tomarse el poder a través de las armas. Insiste en que se trató de una fuerza que buscaba una democracia verdadera a través de reformas profundas. Sugiere que mientras las otras guerrillas se perdían en los recovecos de los cismas ideológicos del Marxismo de la guerra fría, el M-19 actuaba como un innovador populismo que logró ganarse el corazón de los colombianos a través de la cercanía con “los sentimientos del pueblo”. Es interesante, por ejemplo, que el autor sugiera que en los círculos marxistas bogotanos el M-19 era visto como un movimiento pequeñoburgués

Esta parte del libro, que ahonda en la historia de la guerra de guerrillas, es sin duda la mejor y justifica con creces la lectura del libro. Es una mirada cercana al conflicto Colombiano desde la perspectiva de un hombre que conoció la guerra de primera mano, de alguien que vivió el país rural durante el auge del movimiento guerrillero y la aparición del fenómeno paramilitar. Es un testimonio importantísimo. Y aquí podemos volver a las motivaciones del autor: Gustavo Petro habla con tal soltura sobre su experiencia como guerrillero que resulta muy difícil pensar que detrás de este libro hay un cálculo político muy preciso. Si se trata de una obra con motivaciones primordialmente propagandísticas es entonces un tiro que salió por la culata. Le da más armas a los acérrimos uribistas y a todos los que sacan a relucir el pasado de Petro en la lucha armada para descalificarlo. 

Petro habla casi con desparpajo sobre su militancia en el M19. Reconoce que una gran parte de su vida (de una de sus vidas) estuvo dedicada a las empresas de la lucha armada clandestina, que organizaba milicias, que en algún momento su único patrimonio fue un colchón, que vivió en las montañas, que no estuvo muy presente en la temprana infancia de su primer hijo, que alguna vez se robó unos libros de una librería. Confiesa incluso que (retumbe de tambores Uribistas) Hugo Chávez fue su amigo. Aunque se toma el trabajo de explicar que el M19 no acudió a las tácticas de secuestro económico y agresión de civiles de las FARC y el ELN, que el M-19 era muy popular porque no se dedicaba a hostigar a los civiles que pensaban diferente y hasta propone una historia alternativa sobre la toma del palacio en la que no fue el M-19 (como sugieren algunos en el otro extremo político) sino el ejército y los narcos los que se aliaron para quemarlo todo, creo que hay suficiente material en el libro para un par de capítulos de “El Control” de  Maria Andrea Nieto (esta sí una entregada propagandista, aunque disfrazada de periodista)




Y luego pasamos a las partes más propagandísticas del libro. El autor relata el declive del M19 y se lamenta de la mecánica política que llevó a Navarro Wolf (el líder sobreviviente de un grupo rebelde que aspiraba a reformas profundas) a acercarse al establecimiento y al fundador del neoliberalismo en Colombia: Cesar Gaviria Trujillo. En palabras de Petro:  

“El nuevo M-19, en otras palabras, empezó a olvidar la revolución que lo había llevado a las montañas y a luchar por otra Colombia. La cooptación política terminó ganando la partida. El movimiento, en cuestión de meses, se convirtió en un partido político tradicional, con clientelismo y búsqueda de puestos; perdió toda idea de un movimiento popular.”

Este último párrafo revela lo que me parece una cierta contradicción. A lo largo del libro Petro presenta al M-19 como a una guerrilla que (a diferencia de las otras guerrillas) no estaba tan interesada en la idea de una revolución, por lo menos no de una revolución en el estricto sentido marxista. Él, sin embargo, confiesa lo siguiente: 

"No me apasionaba que me llamaran coronel (los grados en el M-19 eran similares a los militares). Yo quería era hacer la revolución. Me veía a mí mismo como un revolucionario, ese era mi título."

Me parece claro entonces que uno de los temas recurrentes, una de las obsesiones del autor de estas memorias es esa idea: La idea de la revolución y de ser un revolucionario. La idea de que el pueblo necesita ser organizado y por ende necesita un organizador. Y Petro nos ofrece pistas, pero no nos explica con suficiente detalle en qué consiste la revolución que tanto lo apasiona desde la juventud. ¿Será por fin la revolución del proletariado?¿Se le parece más a la revolución en marcha de López Pumarejo? No sabemos. Lo que parece pedirnos este hombre revolucionario es que confiemos en que es él (y tal vez sólo él) quien nos puede conducir a esos verdes pastos. Lo que tenemos entre nosotros parece una versión contemporánea de Francisco de Asís y de sus ideas auto-lacerantes: 

“(…) pienso que mi cercanía con el cristianismo profundo, con la idea de San Francisco de Asís, me hacía darme cuenta de que sentía tanto amor por la gente pobre que estaba dispuesto a todo por ellos.”

Las memorias de Petro palidecen cada vez que asumen este tono. Pero sospecho que en eso radica su gran éxito en las encuestas: 20 años de Uribismo son capaces de hacerle creer a cualquiera que en las próximas elecciones estamos convocados a elegir no a un gobernante de carne y hueso sino a un revolucionario, a un abnegado salvador. 



El capítulo sobre su experiencia en la alcaldía de Bogotá es quizá la peor parte del libro. Se trata en gran medida de un inventario de logros de “La Bogotá Humana” marcado por una suerte de tono de reproche y acompañado de un par de pequeños intentos de teoría política. Las líneas que reivindican las proezas de su administración no nos ofrecen muchas referencias ni formas de comprobación, pero además caen en dos tentaciones:

  1. Más sensiblería de corte Franciscano que suena afectada, como cuando decide contarnos lo siguiente: “Recuerdo a un habitante de la calle llorando en mi pecho; en ellos quedó esa marca, el recuerdo de un gobernante que estuvo a su servicio.” No hay nada reprochable en esta sensibilidad hacia los habitantes de la calle, pero esta necesidad de ser reconocido como el hombre-a-su-servicio me recuerda muchísimo (guardando las proporciones) a la crítica que hacía Christopher Hitchens a Teresa de Calcuta. Hay una oprobiosa vanidad en la necesidad de contarle al mundo esta obsesión por salvar a los que están más necesitados de salvación. 

  2. El Pastor culpa a sus ovejas de que el proyecto de la Bogotá Humana haya quedado truncado. No reconoce muchos errores ni desatinos en su administración sino que, sin mucha evidencia, nos ofrece una risible teoría de la escalera:

“El enfoque político de una buena parte de estos bogotanos cambió, porque ahora lo que deseaban era una ciudad para el carro y no para la gente, a pesar de que ese enfoque les había permitido dejar de ser pobres.” 

“(...) El número de personas que ascendió socialmente durante mi alcaldía, de hecho, fue inédito. Nunca antes una masa tan grande de la población había salido de la pobreza hacia la autodenominada clase media. Pero este grupo de personas pronto se inscribió en una agenda de consumo, y cuando vieron que el progresismo seguía tratando de subir más gente tumbaron la escalera.”


También hay un par de intentos de teorizar sobre las relaciones de poder en Colombia. Volvamos a las palabras del autor:

“El Congreso colombiano cumple dos funciones que permiten la perpetuación de los poderes mafiosos. Primero, tiene la función de sostener la imagen de una democracia liberal. Nadie puede negar que en el país existe la rama ejecutiva, la legislativa y la judicial. La existencia misma del Congreso permite defender la tesis de que en Colombia existe la democracia, pero eso es un espejismo, una manipulación de la política colombiana, porque basta con analizar la situación para descubrir que la mayoría de integrantes del Congreso solo obtienen sus curules por la conexión que tienen con el régimen mafioso. De no ser por el dinero que entrega el narcotráfico para la compra de votos, la inmensa mayoría de los parlamentarios nunca llegaría al aparato legislativo. 

“(...) El dinero para la compra de votos es un dinero que viene, en buena parte, de la venta de la cocaína. Aunque el elector no lo sabe, vende su voto y así fortalece esta estructura económica y política. El congresista elegido, a su vez, vende su voto, para que el establecimiento pueda aprobar sus leyes, que en su totalidad giran alrededor de una concentración de la riqueza en el país. El neoliberalismo, que se articula en ese eje de normas transitorias de la Constitución del 91, permitió el crecimiento del régimen mafioso y este necesitó del neoliberalismo.”


Este empeño de presentar el complejo fenómeno de la compra de votos y el neoliberalismo como epifenómenos del narcotráfico o de encontrar relaciones muy cercanas entre estos tres males que aquejan a Colombia es disparatadamente simplista. No solo es una idea cuya elaboración abarcaría un tomo en sí misma sino que además parece implausible si se observa el modus operandi actual de las mafias políticas de la Costa Atlántica, por ejemplo, que usan el dinero de las obras públicas (y no el de la cocaína) para financiar la compra de votantes. Detrás de estas pretensiones teóricas subyace lo que se me antoja otra obsesión del autor y otra razón para no creerle cuando sugiere en la televisión que no quiere desmontar sino “desarrollar el capitalismo en Colombia”: Gustavo Petro no pierde una oportunidad para explayarse en una crítica al capitalismo. Estas teorías tan disparatadas son precisamente una crítica velada al sistema económico que nos ha jurado no va a abandonar en un potencial gobierno de la Colombia Humana. No voy a ahondar en ellas porque no sabría por donde empezar (y porque no quiero que esta reseña se parezca a las tonterías conspirativas que escribe Agustin Laje) pero hay que decir que el simplismo disparatado pasa a ser insultante cuando el autor sugiere, quizá otra vez en tono de reproche, que es tal vez la clase media la que auspicia todo esto: 

“Muchas veces me he preguntado por qué la sociedad colombiana es así. Tal vez la razón es que, de algún modo, los dineros del narcotráfico y de la corrupción han fluido dentro del país de manera voluntaria. Al final, quizás los colombianos de clase media e incluso de muchos sectores populares perciben que tienen una mejor vida porque ese capital circula en las calles.”



Insisto, para terminar, que a lo largo del libro hay una suerte de tono de reproche, especialmente cuando el autor nos cuenta sus desventuras: ¿Por qué? ¿Por qué si me he sacrificado tanto por este país los colombianos no me han sentado en el solio de Bolivar? ¿Por qué tantas decepciones? Aquí quiero ser claro: Aunque sus detractores sugieren que elegir a un antiguo militante del M-19 a la presidencia sería elegir a un guerrillero más, la verdad es que Gustavo Petro es mucho más que eso. Es un valioso defensor de nuestra democracia y (parafraseando el prólogo de Morris) una voz muy importante para nuestro debate político. Su valentía al enfrentar a la temible maquinaria de la muerte paramilitar enquistada en el gobierno de Alvaro Uribe merece un agradecimiento eterno. La historia de Colombia podría haber sido muy diferente sin su coraje. Estas memorias que ha escrito son una buena lectura y un gran testimonio de su lucha y de su gran contribución a nuestra democracia. 

Pero no le debemos la presidencia ni a este gran hombre de nuestra historia ni a nadie. Es difícil resistir la tentación de ser salvados, pero creo que es más digno votar por un gobernante de carne y hueso en las próximas elecciones. No por un salvador. No por alguien que prometa salvarnos. A menos de que tengamos que escoger entre este mesías nacido en Cienaga de Oro y la continuación del neofascismo, por supuesto.

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Otras reseñas interesantes: 
  • El libro de Petro, de Olga Gonzalez en la Silla Vacía.
  • Petro entre comillas, de Humberto De la Calle.
  • Esta de Jorge Reinel Pulecio Yate para las 2 Orillas, aunque es un tanto hiperbólica.
  • Esta de Carlos Alonso Lucio que está escrita como una refutación.

Petro hablando de su libro en la W:

20 comentarios:

  1. Felicitaciones al Dr Gustavo Francisco Petro Urrego, el próximo presidente de Colombia.

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  2. Compré el libro y me encantó conocer otra perspectiva excelente libro

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  3. Petro NUESTRO PRÓXIMO PRESIDENTE DÍOS LO BENDIGA y LO PROTEJA

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    1. Solo le pedimos al Señor que lo guarde y le mande angeles a su alrededor con espada desemvainada y guarde toda su familia

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  5. Yo no creo que el viejito Rodolfo Hernández ya pisando casi los 80 años puede con tantos problemas que tiene este país ya tiene Alzheimer porque vive pidiendo perdón y vive embarrandesela

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  6. Leído el libro de petro me gusto yo en cambio de la descripción de este artículo veo la vida de una persona muy especial que cree en él ser humano y la capacidad de ser mejores Petro Presidente

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  7. Gustavo Petro Urrego mi presidente 2022-2026 que Dios lo bendiga y la Virgen María me proteja de cualquier maldad del uribismo paramilitar génocida corrupto y despogedoresde tierras de campesinos y luego se quedan con ellas porque optienen de sus corruptos notarios que ellos pusieron y optienen los títulos de propiedad no más el centrocastrochavismomaduristaUribistaduquista estamos peor que venezuela con la economía que aplicó el títere del maduro duque con su economía naranja podrida ese fue el libro que presentó en España y no dejó presentar los libros de grandes escritores para el maduro duque ellos son enemigos del gobierno porque escriben la realidad de este país acabado en todos sus aspectos económico inseguridad masacres muerte de líderes sociales comunales falsos positivos enemigos de la paz y muerte a guerrilleros que se acogieron a la paz y la corrupccion sique creciendo.

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  8. Doctor Gustavo Francisco Petro Urrego, salve usted la Patria, millones de Colombianos tenemos nuestras esperanzas puestas en usted, no nos defraude, usted es la persona idónea para tomar las riendas de nuestro país.

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  9. ¡ ESTE ANÁLISIS DEL LIBRO DE GUSTAVO PETRO, NO ES MÁS QUE EL REFLEJO DE LA FRUSTRACIÓN, DE LOS CANDIDATOS DE LA ULTRADERECHA, POR NO PODER ESCRIBIR UN LIBRO COMO SI LO HIZO EL CANDIDATO DE LA IZQUIERDA COLOMBIANA!

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    1. Sí, soy un candidato de la ultraderecha disfrazado de reseñista. Y no puedo escribir libros como el de Petro, lo que me causa una gran frustración. Por eso escribí este análisis. Porque no puedo. No puedo.

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  10. Está columna refleja claramente la frustración de alguien que busca motivos para criticar al prójimo disfrazando su intención venenosa con una supuesta inteligencia analítica del discurso. Nadie sabe si Petro será el salvador de un país y si el mismo pueblo se dejará guiar. Lo que si es atribuible, es que Petro es la persona más sensata entre tantos.

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    1. No sé de donde saca lo de la frustración, pero en general tiene razón: Me parece importante el pensamiento crítico y eso desafortunadamente implica que tengo que buscar cosas en "el prójimo" para criticar. Por lo menos en los libros del prójimo. De resto creo que Ud. equivoca su lectura: No sé de donde saca que yo sugerí que Petro "será el salvador de un país". Estoy diciendo más o menos lo contrario señor. Parece que lo único "atribuible" aquí es una gran falta de comprensión lectora. A usted, por supuesto. Antes de hacerle críticas a lo que escribe "el prójimo" usted tiene que aprender a leer.

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  11. MUY BUEN ANALISIS ESTA ES LA VERDADERA VIDA OSCURA Y ACOMODADA A SUS INTERESES NEFASTO PERSONAJE

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  12. Cuando el justo gobierna el pueblo se alegra.

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  13. Me gusta la presidencia de Petro. No es perfecto, pero es el mejor candidato para ese cargo.

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  14. PETRO PRESIDENTE, quien dijo miedo!!

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  15. Pueden hablar toda la cháchara que quieran sobre este personaje pero no convence puede que convenza a algunos pero para otros es un ser siniestro. Y no podemos arriesgarnos a caer en el caos y tenemos como ejemplo su gestión en la alcaldia mucho menos va a poder con el país, menos con sus ideas chavistas es cuestión de lógica ya le ha hecho bastante daño a los colombianos como para darle semejante payaso. El nunca ha producido nada bueno vive de la política o sea de los que si realmente trabajamos, el jamás lo ha hecho. Esperemos que el va a ganar la consulta del grupo de corruptos en el que él está, haber si esos millones que le van a dar se los endosa a la deuda que nuestros muchachos tienen con el ICETEX.AMANECERA Y VEREMOS. RODOLFO HERNANDEZ PRESIDENTE

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  16. Petro jamás irá a ser presidente. Es un ser siniestro y no podemos seguir jugando con el futuro de estas nuevas generaciones analicen investiguen antes de darle un voto a este individuo. RODOLFO HERNANDES PRESIDENTE

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