domingo, octubre 23, 2016

Nuestra Historia, Contada por los vencidos



http://bibliotecanacional.gov.co/proyectos_digitales/historia_de_colombia/index.html


Exceptuados algunos colegios de la élite bogotana, a los Colombianos no se nos enseña nuestra propia historia.  Esta parece ser la premisa que motiva a Antonio Caballero a escribir Historia de Colombia y sus Oligarquías (1498-2017). 

Esta versión de la historia de Colombia, nos dice Caballero, es la historia que no se ha contado: El relato de los vencidos.  Uno que no le pone maquillaje a la desmedida ambición de los conquistadores, al arribismo de los criollos y al brutal pragmatismo de una realeza que no pudo apretar todo lo que abarcó: Ese gran imperio donde no se ponía el sol.

Pero tal vez lo más importante de esta obra que está escribiendo por entregas el siempre incisivo Caballero es que nos hace caer en cuenta de que muchas de nuestras dolencias son más viejas de lo que pensamos.  Que algunos de esos problemas que parecen nuevos son consecuencia de antiguas coyunturas o que han estado ahí casi desde siempre, encarnados antes en la cosmovisión de algún marqués que no era Americano pero tampoco Europeo, en la traición de algún gran señor que no le cumplió sus promesas a nuestros primeros insurrectos.

Se trata de una prosa cuidadosa, escrita en un lenguaje culto pero muy cercano, muy colombiano, adornado con citas muy pertinentes de historiadores, poetas y otros tantos que con sus testimonios ayudan a desenredar el hilo de nuestra historia. Está escrita en un lenguaje sofisticado pero sencillo: Probablemente al alcance de los lectores más jóvenes.  Sería maravillosa como una lectura seminal en el currículum de las clases de historia de cualquier colegio.

Como es de esperarse, Antonio Caballero es implacablemente crítico:  Esta no es, como siempre, la historia de una iglesia y un imperio que intentaron poner freno al horror de la conquista haciéndole caso, entre otros, a los recuentos de un Fray Bartolomé de Las Casas, sino la historia de una iglesia y un imperio que se acostumbraron a ese horror, que lo perpetuaron y lo coadyuvaron a conveniencia.

Es importantísima entonces esta obra porque, sin victimizarnos, nos permite una visión más crítica de la conquista y de nosotros mismos: De esta gente hecha a retazos que somos los colombianos. Es una obra que nos permite un poderosísimo tipo de instropección porque escudriña en el pasado para señalar nuestros más antiguos resabios.

En el momento en el que esta reseña se escribe, la quinta entrega titulada "La desgraciada patria boba" está en circulación gratuita a través del sitio web de la Biblioteca Nacional, que merece grandes elogios por poner en marcha esta empresa literaria que pone una voz tan interesante al estudio de nuestras memorias y que, con suerte, despertará en las nuevas generaciones un renovado interés por saber como es que el río de la historia nos ha traído hasta acá.

Descargue el libro haciendo click aquí.






martes, abril 12, 2016

A song by the river

A song by the river

I have always admired the kind of photographers who are able to approach complete strangers, start a conversation and obtain very natural portraits.

 This picture of Magnus is one of my first conscious attempts at that. He was sitting on the other side of the Elbe playing his guitar and singing very quietly while he drank his beer.

 What brought him there? Is this a broken-hearted man or a hopeless romantic who sings quietly to the river wind?

What drives a man to such apparent loneliness?

 This city is full of lonely people who carry their aloneness as a cross but I would like to think that he is not one of them. I would like to think that he likes his solitude and he has learned its importance.

Perhaps he is a vivid lesson on the importance of stillness or perhaps he has found the vital sound of himself in the middle of the noise. I prefer that idea.

 He sang a song "of his" that I confused for an old German song. It was about a woman gone astray, I think. We agreed that he can use this picture as he wishes under the condition that, should he record an album, it would be on the cover.

 

domingo, febrero 07, 2016

Sobre el Centurión de la Noche

Lo primero que debe decirse sobre "El Centurión de La noche" de Mauricio Silva Guzman es que se trata de un digno intento de contar la historia de Alvaro José Arroyo, uno de los mas grandes intérpretes de música popular de la historia colombiana. Silva Guzman logra contar dicha historia sin caer en la tentación de contarlo absolutamente todo, con un aparente buen criterio para decidir lo que se cuenta y, quizá más importante en el género biográfico, con un muy buen tino para decidir lo que no ha de contarse.

Este buen criterio editorial viene acompañado de una prosa limpia y ágil con la que se construye una historia coherente, narrada en tercera persona por un narrador que parece contarnos un montón de episodios que definen la vida de El Joe Arroyo con un cierto tono de fascinación que a veces suena exagerado y complaciente pero que nunca cruza la frontera hacia el terreno de la hagiografía. 

 Es una lástima que esta segunda edición de la editorial La Iguana Ciega no le haga justicia a tan digno intento de contar la historia del Joe ni al retrato que Nicolás Achury logró de él hace algunos años para aquel artículo de Rolling Stone también de autoría de Silva. La portada es un recorte horroroso de dicho retrato sobre un fondo de un color pardusco atravesado por un título y un subtítulo en letras blancas y amarillas respectivamente. "Una vida cantada", dice el subtítulo, añadiéndole un lugar común a la fealdad de dicha composición y al apiñamiento de la diagramación.

 Pero los libros no se juzgan por su carátula y hay dos críticas más serias que hacerle al libro de Silva Guzman.   La primera tiene que ver con su estructura narrativa pero quizá mucho más con el desatino que son los últimos capítulos de esta segunda edición. El segundo capítulo es un capítulo larguísimo que a su vez está dividido en 23 secciones que guardan cierta coherencia cronológica.  Cada una de estas secciones construye sobre la anterior para describir un cierto arco evolutivo de la vida y música del Joe, contándonos los ires y venires entre orquestas, sus coqueteos con la droga y la noche, la forma en que la muerte, la enfermedad y la decepción marcan su vida y su arte.  

 Pero algo extraño ocurre justo al final.   La que parece una última frase relativamente adecuada para esta historia sobre la música y la gente que produce el caribe no es en realidad una última frase.  El autor propone cinco pequeños capítulos más que no exceden las veinte páginas cada uno y que parecen un montón de retazos que no cabían en ningún otro lado y que se pusieron al final porque no encajaban en ningún otro aparte del libro.  En efecto, los capítulos tres, cuatro, cinco y seis bien podrían leerse en abstracto de todo lo que antes se dijo, bien podrían leerse como cuatro mini-ensayitos aptos para circular por sí solos en alguna revista de actualidad. 

Y esta pequeña falla estructural sería pecata minuta si el autor hubiera optado por semejante cosa para no privarnos de algo importante, pero desafortunadamente no hay nada particularmente interesante en esos últimos capítulos aparte de una par de citas de conocidos y expertos.  Aquella frase que habría sido un final digno en el capítulo 23 es reemplazada por un agradecimiento final que es, por lo menos, una cursilería ya antes vista:  "Gracias, Joe, por la escandalosa noche de verano que fue todo esto".

La segunda crítica que debe hacérsele a la obra de Silva Guzman es más importante porque no es una objeción de forma sino de fondo: En ningún aparte de El Centurión de la Noche hay un intento medianamente riguroso de apreciar la música del Joe Arroyo. Es cierto que se trata de una biografía escrita por un periodista y no un critico de música pero uno esperaría que un narrador tan embelesado con la obra del Joe hubiera hecho un intento mucho más lúcido y riguroso de proponerle al lector siquiera un atisbo de las razones por las cuales la música del Joe es tan numinosa, tan hermosamente simple y vital. Un atisbo de lo que hace a esta música del caribe tan diferente y tan especial.  Un ensayo más sofisticado sobre el talento innato de ese negro que hacía música sin poder leerla en un pentagrama.

Por el contrario, Silva Guzman cae reiteradamente en el error de usar el éxito comercial de los álbumes del Joe arroyo como el criterio principal para evaluar tanto su calidad musical como el valor relativo de una determinada producción con respecto al resto de la discografía. Es común entonces leer al autor describiendo y las canciones del Joe como hits o éxitos y dividiéndolas en  dos grupos básicos: temas que no sonaron y temas que se pegaron. 

Es cierto que hablamos de música popular y que todo indica que el mismo Joe Arroyo medía su trabajo con el termómetro del éxito comercial, pero también lo es que una biografía del Joe arroyo  en la que se le presenta como un genio musical debió haberse aventurado a hacer un análisis mucho mas riguroso de su música. De su música observada holísticamente: La que se bailó, la que fue exitosa, la que pegó pero tambien la que  está a punto de perderse en el olvido.  Una obra que se hubiera impuesto ese reto tal vez no habría caído tan fácilmente en la tentación de agraviar el talento del Joe Arroyo al atribuírselo, como hace Silva en dos o tres apartes de su libro, a algo sobrenatural o del más allá, a un don que vino caído del cielo, a la predestinación impuesta por designio de alguna deidad del más allá:  

"Es mar y río, que es definitivo. Es negro, indio y blanco, como una gaita. Y también es -y esto va para los creyentes- la clara demostración de que, en efecto, sí hay algo más por allá".

A pesar de estas ligerezas, es necesario insistir en que el libro de Mauricio Silva Guzman es un buen vistazo a la vida del Joe a través de una naracción amena y fluida.  Estamos ante uno de los primeros esfuerzos literarios serios por documentar la vida del Joe y queda claro, después de leerlo, que hay mucho más que decir y cuestionar sobre la vida y obra de este genio de la música.





lunes, noviembre 23, 2015

Portraits

Life is a little bit about all those faces that one collects along the way.
Portraits