domingo, marzo 10, 2013

Una forma de despedir a Diego




Hoy es 8 de marzo de 2013 en Hamburgo, una ciudad al norte de Alemania que queda tan lejos, tan al norte de todo, que un lugar como Barranquilla es prácticamente impensable. Si tomo el próximo vuelo, lo más probable es que llegue muy tarde para comprobar con mis propios ojos algo que a la distancia es casi imposible de aceptar. 

Tal vez es mejor así: Tal vez lo mejor sea no mirar esta tragedia a los ojos porque la palabra tragedia no tiene cabida al lado del nombre de Diego Melo. Pienso que si pudiera contarle las ganas casi irresistibles que tengo de montarme en ese avión, él mismo me aconsejaría haciendo alarde de su implacable pragmatismo: “Nombe, no seas marica.” 

Así era Diego. Donde Diego estaba siempre había sonrisas, siempre había razones para reírse, siempre había música, siempre había amigos. Uno de los mejores años de mi vida lo pasé a su lado y al lado de Eduardo Gómez compartiendo un apartamento que bien pudo haber sido en su momento la embajada costeña en Bogotá. Siempre había visita, siempre había música, siempre había gran compañía, siempre había vida. 

Y entonces el reto es precisamente aceptar que alguien cuyo nombre era sinónimo de vida ya no esté con nosotros. Para intentarlo propongo que lo primero sea desafiar un poco al dolor con el fin de recordar, con los ojos cerrados, la última vez que lo vimos despierto. Y en este aspecto la mayoría de ustedes, presentes en su sepelio, son más afortunados que yo (si es que hoy cabe la palabra fortuna) porque guardan recuerdos más recientes. 


A mi me queda mucho más difícil el ejercicio de recordar porque la última noche que lo vi fue en alguno de los días de septiembre u octubre de 2011. Ya no sé cual. Y recuerdo que al verlo llegar con Andrea, seco como a veces soy, después de un año sin vernos, le ofrecí la mano y él con esa sonrisa gigante que tenía me hizo un gesto de desaprobación y cambió el escueto estrechón de manos por un gran abrazo. Siempre hacía eso. Así era mi amigo. Así son mis últimos recuerdos de él: Montado en su nuevo Volkswagen que lo hacía sentir orgulloso y que no tenía ya ni rastros del irresponsable que se escapaba de alguna de esas clases aburridoras del pensum de ingeniería electrónica para ir a jugar billar conmigo. 

El 21 del mes pasado, a propósito, fue el primero en acordarse de mi cumpleaños y me mandó un mensaje diciendo que apareciera uno de estos días para que habláramos “paja”. Cómo me gustaría haberle hecho caso les confieso, cómo me gustaría haberle hablado por una última vez, o aparecerme uno de estos días en la novena con ciento diecisiete y encontrarlo hablando paja, en una de esas legendarias sesiones de habladuría que solo eran posibles cuando él estaba presente. 

Reto a todos los presentes a que en un momento de calma hagan el mismo ejercicio. Les garantizo que esos últimos recuerdos del Diego que todos conocimos les van a arrancar una sonrisa. Así era Diego y así se queda. Su simpatía es a prueba de fatalidades. Agradezcámosle hoy su amistad y su cariño. Los que puedan, acérquense y agradézcanle también de mi parte, recuérdenle que lo quiero mucho, que lo extraño, porque yo desde acá no puedo. La pena de que ya no esté es muy profunda pero la impotencia que siento al no poder ir a despedirlo es un dolor paralizante. Le rompe el corazón a cualquiera. Ustedes que están tan cerca elaboren su duelo ahora, porque a los que estamos lejos el duelo se nos posterga, se nos pega al cuerpo. A nosotros, los que lo queremos de lejos, se nos van a esconder algunas lágrimas y cuando el tiempo lo permita tendremos que ir a dejarle una flor solitarios, cuando ya ustedes hayan tenido oportunidad de dejarle muchas, cuando ya ustedes se hayan empezado a acostumbrar a la terrible idea de que el Diego no está. 

Pero basta de autocompasión. A Diego no le gustarían estas cosas. Yo lo conozco y él preferiría que lo despidamos con algo más positivo, con algo que nos impulse a seguir andando. Y a riesgo de caer en la tentación de hacer hagiografía, que es lo que uno tiende a hacer cuando la gente querida se va, yo propongo que hoy con ocasión de Diego pensemos en lo que significa el valor de la amistad. Diego no era un santo porque los santos deben ser personas aburridísimas, pero la memoria de su vida es un gran testimonio sobre la amistad. El Diego se daba con su forma fácil, sin miramientos de clases sociales, sin sensiblerías innecesarias, con una simpatía irresistible. 

Aprovechemos esta ocasión, o aprovéchenla ustedes, que están allí todos reunidos, para convertirla en una de esas ocasiones que le encantaban a Diego: Que el Quique saque la guitarra y entre todos canten las canciones que le gustaban, que el pollo organice un – partidito- de fútbol, que suenen el Joe Arroyo y Juan Luis Guerra, que alguien ponga carne en el asador y que aunque el Diego no esté para ponerla a punto, no se permitan el error de dejarla quemar. Lloren lo que tengan que llorar, hagan su duelo, pero no vayan a perder esta oportunidad para recordar lo más importante que Diego nos dejó: Su maravilloso ejemplo sobre lo que significa la amistad. Los que aquí quedamos somos los responsables de que su legado de alegría se quede aunque él ya no esté. Contémosle a todo el mundo, con una sonrisa, que teníamos un amigo que se llamaba Diego Melo que tenía el don de la alegría y de la amistad, que era un gran conversador, que era un rompecorazones, que muchos nos conocimos a través de él y que gracias a este vínculo de amistad que él mismo ayudó a labrar, su memoria no se va a extinguir. 

Es muy doloroso no estar ahí con todos ustedes, amigos queridísimos. Viví junto a Diego, me gradué junto a Diego, celebré a su lado. Saben como lo quiero después de tantos años de amistad. Todavía recuerdo, como si fuera ayer, la tarde Barranquillera de finales de los noventa en la que lo conocí. Duele pensar que pierdo esta oportunidad de estar con él por última vez. Quedaron muchos planes truncados: Bodas, viajes, bautizos. No estar allá con ustedes sino en medio de estos veinte centímetros de inverosímil nieve de marzo se siente como una fría oportunidad perdida. Díganle al Quique que me guarde unas canciones de las que a él le gustaban para cantárselas cuando vuelva. Perdónenme esta ausencia 

Reciban mis palabras, señor Eduardo y señora Helda, como la voz de los que estamos lejos: Angela Bernal, Vanessa García, todos todavía estupefactos. Los acompañamos en su dolor y aprovechamos la triste ocasión para agradecerles las puertas siempre abiertas, el calor de hogar. Sepan que su hijo es bienquerido, que deja muchos amigos, que hay gente que lo llora hasta en el otro lado del océano. Sepan que criaron a un hombre íntegro, a un entrañable rompecorazones, a un gran amigo que no se olvida, a un hermano del alma. 

Sepan que desde Italia Vanessa me contó que aún le habla al Diego, que casi puede oír su voz burlona. Sepan que perdido en esta nieve helada atesoro los recuerdos de su hijo, que anhelo estar bajo el sol barranquillero junto a ustedes para cantar unas canciones con el Quique, darles un abrazo a todos e intentar, arañando al dolor, una sentida celebración de la memoria de ese gran amigo, de ese amigo entrañable que se llamaba Diego Melo.







viernes, noviembre 16, 2012

Así es como la pierdes

We both end up in front of the mirror. I'm in slacks and 
a wrinkled chacabana.  She's applying her lipstick; 
I've always believed that the universe 
invented the color red solely for Latinas.
Junot Díaz

Aunque uno no haya escuchado nada sobre la obra de Junot Díaz, es difícil pasar por alto su último libro de relatos en los estantes de las librerías. La cuidadosa edición en inglés de Faber & Faber, amarilla y roja, propone en primer plano las curvas de una mujer que parece sacada de algún lugar del caribe.

A los que juzgan los libros por su carátula,  la edición de Faber & Faber puede sugerirles que lo que hay detrás de "This is how you lose her" es otra de esas historias sobre el caribe y sobre la forma en que uno puede enamorarse apasionadamente de una mulata y perder la cabeza por ella.

Pero esas historias ya han sido contadas hasta el cansancio. El lugar común sobre la mujer latina que embruja moviendo sus caderas al ritmo de salsa y  que cocina comida exótica ya está gastado. Este último libro de relatos de Junot Díaz ofrece algo mucho más interesante.

Y es mucho más interesante, hay que insistir, que la mayoría de acontecimientos culturales propios de la diáspora Latinoaméricana. Cuando uno piensa en las producciones culturales de los latinoamericanos que habitan Norteamérica no puede dejar de pensar en el legado de Emilio y Gloria Estefan, en el usualmente repugnante reggaeton y en general en esa suerte de afán que tiene el latinoamericano en la diáspora de convertirse en la caricatura de sí mismo.

Debe ser muy difícil crecer en los Estados Unidos como un niño latino. Un vistazo a la televisión nos informa que los latinos somos una cierta raza que siempre parece estar moviendo los hombros al ritmo de música tropical. Que lo nuestro es el merengue, la salsa, las tortillas y una suerte de cosmovisión colorida que nos predispone a ser siempre alegrones y bailarines. 

Un rasgo importante de esta obra de Junot Díaz es que se atreve, en contra de todos los pronósticos, a transgredir ese empalagoso lugar común para ofrecernos un retrato mucho más humano, mucho más serio, mucho más profundo sobre lo que implica amanecer algún día de la niñez en un lugar extraño, sobre lo que implica ser un inmigrante latino en la tierra del tío Sam. Todo lo anterior mientras nos invita a explorar lo que parece el gran tema del libro: la forma en la que un hombre miente y traiciona, la ética y la tragedia del engaño amoroso.

Pero por supuesto que Díaz no es el primero en explorar las peripecias de los latinoamericanos que emigran a los Estados Unidos. Hay un grupo cada vez más grande de películas (A better life es un buen ejemplo) y productos culturales que han intentado poner en evidencia el horror de la emigración, el cruel desarraigo y la terrible pobreza que suele vivirse en la diáspora latinoamericana. Hollywood ya se había dado cuenta de que la historia de la bella pelinegra que se convierte en la sirvienta de una familia americana y llena su hogar frío, blanco, anglo-sajón y protestante de sabor latino es una de esas historias que venden.

La gran diferencia es que "Así es como la pierdes" no cae en el falso tono de denuncia al que recurren la mayoría de estos relatos sobre el sueño americano convertido en pesadilla. La visión que obtenemos  de ese mundo a través de Junot Díaz no es tanto esa mirada morbosa que propone un tour por la miseria de otros, sino una mirada mucho más íntima, mucho más digna. Cuando nos presenta los horrores cotidianos del inmigrante: el hacinamiento de muchas mujeres viviendo en habitaciones compartidas, la terrible soledad del desarraigo, las crueles limitaciones de la pobreza, Díaz no lo hace con el talante de quien nos quiere vender esas tragedias sino desde la óptica de quien las reconoce como parte de su mundo.

Cuando nos adentramos en ese terrorífico universo de soledad al que nos invita el autor en relatos como "Invierno" o en aquella casa abarrotada de mujeres infelices que nos describe uno de sus personajes, sabemos que Díaz no intenta vendernos tíquets de primera fila para presenciar el espectáculo de la miseria ajena, sino que en realidad esa tragedia es apenas el trasfondo, la cotidianidad en la que ocurren las otras historias más universales (y acaso más trágicas) que lo ocupan.

Yunior, el siempre presente protagonista y narrador, es después de todo un resignado. Se sabe atrapado en ese mundo y nunca se atreve ni siquiera a insinuarnos que lo que ocurre en su barrio es una especie de segregación de facto en la que los de su raza están llamados a hacer los trabajos que nadie quiere hacer; nunca nos dice a viva voz que las mujeres recién llegadas de su país tienen pocas opciones mejores que limpiar casas o lavar sábanas ensangrentadas. Para Yunior éstos son solo detalles de otras historias más apremiantes y quizá por eso nos ahorra el aburridor y desgastado tono de denuncia. 

Es cierto que los relatos en "This is how you lose her" tienden a repetirse hasta el punto en el que  parece que la intención de Junot Díaz era escribir una novela corta por variaciones, pero también es cierto que su voz literaria, la maestría de su spanglish y su enorme talento para adentrarnos en aquellos inviernos del noroeste americano son un gran descubrimiento. La obra de Junot Díaz es en sí misma la prueba de que la diáspora latinoamericana puede producir cosas mucho más valiosas que las sandeces de Daddy Yankee. Es la comprobación de que la hibridación entre la cultura latina y la cultura americana puede producir pequeñas joyas de literatura de verdad, de que el ethos del latinoamericano en los states no se agota en el culo de Jennifer López.

Otra reseña de la misma obra para el New York Times aquí



jueves, julio 19, 2012

Flickr Vs. 500px

flickr was here

Foto de Sara Korf


La historia reciente de Flickr es para ciertos observadores la historia de una compañía brillante engullida por una corporación en decadencia. Lo único que le importaba a Yahoo en el momento de la adquisición, dice una pieza reciente de Gizmodo, era la base de datos de imágenes que los usuarios de Flickr habían creado y curado, pero no la comunidad que había detrás de esa base de datos y mucho menos la posibilidad de hacerla crecer.

Así las cosas, Flickr fue engullida por un gigante atiborrado de vicepresidentes que convirtió a uno de los productos pioneros de la Web 2.0 en otro más de los productos de su portafolio. Uno no tan rentable, además, en comparación con Yahoo Mail o Yahoo Sports. Y así ocurrió que la prioridad de Flickr, después de la adquisición,  empezó a ser la integración con el portafolio de productos de Yahoo descuidando la necesidad de mejorar continuamente la experiencia de una comunidad que era en ese momento una de las más vibrantes de internet.

La prueba de que los fundadores de Flickr habían logrado algo formidable, sin embargo, es que a pesar de Yahoo el sitio permaneció por algún tiempo como la red social de fotografía por excelencia. Explore, el algoritmo que permite clasificar fotos a través de un cálculo de interestingness, funcionaba como una gran vitrina para los fotógrafos aficionados y ninguno de los rivales de Flickr (Smug-Smug era probablemente el competidor más fuerte del momento) había logrado crear una experiencia que comprometiera a los usuarios tan apasionadamente con sus sitios y comunidades.

Todo hasta el auge de 500px, que aunque fundada en 2009, empezó a cobrar fuerza desde 2011 como uno de los competidores serios por el título que Flickr se había auto-concedido desde hace algún tiempo: "Muy probablemente la mejor aplicación para administrar y compartir fotos del mundo". Aunque los aspectos susceptibles de comparación son varios, el nuevo contendor es muy superior, a prima facie, en un aspecto que Flickr ha descuidado muchísimo y por mucho tiempo: la interfaz gráfica.




Flow, la página de inicio de 500px, es una suerte de collage que le muestra a los usuarios las interacciones que han tenido sus contactos con el contenido de la comunidad. Así, uno se entera de las fotos que sus contactos han comentado o añadido a su lista de favoritos sin necesidad de visitar sus perfiles y en una presentación gráfica maravillosa con la que Flickr solo puede soñar por ahora. Esta posibilidad que pone sobre la mesa 500px es una de esas cosas que debió ocurrírsele a Flickr desde hace mucho tiempo, no solo porque mejora la experiencia gráfica sino además porque estimula las interacciones con la comunidad y provee al usuario con un sentido de dinamismo que muchos extrañan en Flickr. Una de las quejas reiteradas en las revistas especializadas es, precisamente, que una comunidad que antes era vibrante ahora se siente como "un vecindario azotado por una crisis inmobiliaria. Patios descuidados, bicicletas oxidadas en la terraza, banderas hechas trizas". Dirección tras dirección, dicen los críticos, parece que en Flickr no hay nadie en casa.*


Aparte de Flow, que es sin duda una poderosa forma de generar interacciones y de propiciar nuevos contactos, 500px propone una alternativa al cálculo de interestingness de Flickr a través de Pulse, que es una forma de medir la popularidad de las fotos de la comunidad a través de las interacciones que estas generen (comentarios, likes, favoritos, etc)  añadiendo una nueva dimensión de transparencia y de reto al proveer al usuario con una visión clara del nivel de popularidad de su foto asignando un puntaje. Así las cosas, cada vez que un usuario interactúa con una foto, 500px informa en tiempo real sobre el impacto que su interacción ha tenido en la popularidad de dicha foto:




La sutil pero importante diferencia es que Flickr no provee al usuario de una visión objetiva sobre la popularidad de su foto en comparación con otras fotos de la comunidad, sino que pone a trabajar su algoritmo de interestingness en un silencio que después de Pulse parece incómodo. Y lo parece porque la impresión que deja el cálculo de interestingness de Flickr es que favorece a un grupo de usuarios que ha logrado amasar cierta reputación y un gran número de contactos al punto de que sus fotos son las únicas con posibilidades reales de hacer parte de la selección de fotos más interesantes de Flickr en Explore.  Si las fotos seleccionadas para Explore siempre serán las mismas fotos clichesudas de los mismos usuarios ¿Para qué molestarse?

500px soluciona ese problema proponiendo tres tipos de rankings diferentes: El primero es un equivalente funcional al Explore de Flickr en el sentido de que se trata de una selección de las fotos más populares de la comunidad en un día, semana o mes determinados. Las fotos seleccionadas para este listado son entonces las que obtienen más votos en la comunidad y se presentan en una armónica interfaz de thumbnails cuadrados de 300px X 300px.



El segundo listado es otra de esas ideas que Flickr pudo haber desarrollado con más seriedad en su pasado de monopolista de la fotografía en Internet. Consiste en un listado de fotografías seleccionadas a mano por el equipo de 500px. Es una idea simple pero interesante porque abre la posibilidad de que incluso las fotos que la comunidad haya pasado por alto reciban un cierto grado de exposición en los listados públicos. Este listado en continuo movimiento produce la sensación de que el contenido que se comparte en 500px no está perdido a la deriva sino que pasa por las manos de un curador. Incluir en la experiencia de Flickr un elemento similar de curaduría que vaya más allá del Flickr Blog es una opción que Markus Spiering y el equipo de desarrolladores de Flickr deberían considerar.




El tercer listado, idóneo para estimular la participación activa de usuarios que apenas empiezan a explorar la red social, es una selección de las fotos que no han generado interacciones suficientes para aparecer entre las fotografías más populares del sitio, pero que sin embargo han recibiendo atención significativa por parte de la comunidad. Mientras las primeras páginas del listado de fotos populares suelen incluir fotos con Pulse ratings de más o menos 95 puntos, el listado de Upcoming suele indexar fotos con Pulse ratings en el rango de 70 a 80 puntos, proporcionando a los usuarios menos populares una oportunidad de obtener exposición significativa para sus fotos. Este listado, además, se complementa con Fresh, que muestra un flujo constante de fotos recientemente añadidas a la comunidad a través de una presentación gráfica llamativa que recibe mucha atención por la comunidad, prácticamente garantizando que las fotos compartidas en 500px no pasen desapercibidas. En lo que a esto respecta, Flickr ha pasado por alto las posibilidades de interacción que pondría sobre la mesa un listado de fotos recientes que se presente en una interfaz gráfica que realmente invite a interactuar con el contenido. Comparado con el listado de fotos recientes de 500px, el aspecto del listado de Flickr acusa una cierta nostalgia noventera:


Lo más triste, sin embargo, es que Flickr esté quedando rezagado en lo más básico. Recientemente, en respuesta a lo que parece una migración significativa hacia 500px, el equipo de Flickr estrenó una función que permite presentar las fotos individuales en un tamaño que se ajusta a la resolución de pantalla del usuario, pero que sigue siendo más pequeño en comparación con su competidor. Lo cierto es que en general la interfaz gráfica en la que 500px muestra fotos individuales es muy superior a la de Flickr y que el equipo de Markus Spiering tiene muchísimo trabajo por hacer para volver a la competencia en este aspecto, empezando precisamente por el asunto del tamaño de las fotos: Mientras las páginas de fotos individuales de 500px permiten visualizar imágenes en una resolución maravillosa de hasta de 900px X 900px, Flickr usualmente escala mis fotos de 12 megapixeles para presentarlas en  páginas individuales en una resolución de aproximadamente 640px X 500px.

Vale la pena insistir en que la superioridad estética de la interfaz gráfica de 500px es apabullante. Las fotos se ven maravillosas al punto de que invitan al usuario a interactuar con la comunidad. El diseño cuidadoso le otorga un cierto cool factor que hace algunos años solo podía predicarse de Flickr, que ahora parece un pariente noventero y feo obsesionado por mostrar las fotos de sus años de Hipster y los paisajes clichesudos de los usuarios de siempre. Esto es tema para otra ocasión, pero sería interesante observar la forma en que Flickr ha puesto al descubierto la obsesión Hipsteriana con la auto-imágen. ¿Por qué diablos no se quedaron en Fotolog?

Solo para ser enfático en lo que respecta a la presentación de las fotos individuales propongo la siguiente comparación:

 Así se ve una foto en Flickr




Y así se ve la misma foto en 500px:



Pero hay detalles más sutiles que en cierta medida podrían explicar la mayor cantidad de interacciones que provocan las fotos de 500px en comparación con las fotos que se comparten en Flickr. La interacción más básica y rápida (haciendo a un lado la simple visualización de una foto) que Flickr permite en una página individual es a través de la función de comentarios, mientras que la interacción más básica en 500px es un simple clic en el botón "me gusta". Uno puede simplemente hacer click en dicho botón, sin verse obligado a redactar un comentario o a incluir la foto en cuestión en su lista de fotos favoritas. Parece una diferencia ridícula, pero recientemente alguien hacía un punto sobre su importancia con una simplicidad muy persuasiva: "A uno puede simplemente gustarle una foto, sin que esto signifique que quiera añadir dicha foto a su listado de favoritas".

La buena noticia para Flickr es que no todo está perdido. La gran fortaleza que motivó la adquisición por parte de Yahoo sigue latente: Flickr es tal vez la base de datos de fotografías e ilustraciones más grande y mejor curada de internet. Las etiquetas y los meta-datos generados por los usuarios aunados a la arquitectura de Flickr permiten un motor de búsqueda de imágenes con opciones avanzadas que no tiene rival. Esto último tal vez sea algo que puedan agradecerle a la experiencia de Yahoo en ese ámbito. En comparación, el motor de búsqueda de 500px permite una búsqueda muy limitada y no dispone más que de un campo simple de entrada de texto.

El buen uso que la arquitectura de Flickr permite de los meta-datos es particularmente notorio en lo que respecta a etiquetas de ubicación. A primera vista el servicio de mapas de 500px es superior porque se basa en los mapas de Google que suelen ser más actualizados y precisos, pero lo cierto al respecto es que 500px no permite geo-tagging real en el sentido de que no crea un índice de las ubicaciones de las fotos que se agregan a la comunidad. En 500px uno puede ubicar manualmente en un mapa los sitios en los que fueron tomadas sus fotos, pero no puede navegar por un mapa general que permita visualizar los puntos en los que fueron tomadas varias fotografías y, lo que es más preocupante, no puede navegar a través de un listado de fotos que compartan geo-etiquetas. Así las cosas, es imposible emplear las etiquetas de ubicación para explorar las fotos tomadas en una determinada ciudad, región o país. En estricto sentido, lo que 500px hace pasar por geo-etiquetado es una rudimentaria función que se limita a mostrar la ubicación de una foto determinada en un pequeñísimo mapa de Google Maps. Ubicar las fotos en esos pequeños mapas es además una tarea tortuosa porque la integración con 500px no permite buscar una ubicación determinada a través de un campo de búsqueda de texto sino que exige navegar manualmente a través del mapa, acercarlo y alejarlo, hasta encontrar el punto en el que la foto fue tomada. 

Flickr es muy superior en este último aspecto no solo porque admite geo-etiquetado automático a través de la extracción de los meta-datos provenientes del GPS de la cámara (o de una aplicación como Placetagger) sino además porque que integra los datos de ubicación a su arquitectura de forma tal que permite explorar mapas en los que se muestran las fotos más interesantes o más recientes que se han tomado en ciudades, regiones o países determinados. Esa indexación real de geo-etiquetas hace posible realizar verdaderos recorridos virtuales de ciudades, regiones y países a través de fotografías digitales y permite una búsqueda más precisa de fotos tomadas en lugares determinados.  Uno de los problemas de confiar en la búsqueda de texto simple de 500px para estos efectos es que tipear el nombre de una ciudad (Cartagena, por ejemplo) en el campo de búsqueda básico arrojará como resultado todas las fotos cuyos metadatos incluyan la palabra Cartagena pero no necesariamente las fotos tomadas en la ubicación que corresponde a las coordenadas geográficas de Cartagena. Esto es particularmente problemático al realizar búsquedas de fotos tomadas en ciudades que comparten su nombre con otras ciudades en latitudes diferentes.

En Flickr, sin embargo, Cartagena la heróica no corre el riesgo de ser confundida con la otra Cartagena española en la región de Murcia:


Otra gran fortaleza de Flickr que no puede pasarse por alto es el organizador. 500px parece lejos de implementar una herramienta tan poderosa para organizar, etiquetar y administrar fotos como la que ofrece Flickr. Mientras la segunda permite el trabajo eficiente con grandes cantidades de fotos, el uso de mapas para geo-etiquetado en masa y la creación de grupos de fotos para impresiones creativas (entre otras cosas) el organizador de 500px es simplemente una herramienta para organizar fotos en álbumes y para hacer tareas menores de administración como eliminar o remover fotos de un determinado perfil.

Algo que 500px necesita con urgencia es una función equivalente al Lightbox de Flickr, que permite visualizar slideshows de fotos en pantalla completa. Su ausencia es particularmente inconveniente para usuarios que usan monitores de alta resolución o que visualizan sus fotos a través de consolas de videojuegos conectadas a pantallas de televisión.  

Por último, el archivo de Flickr, que permite explorar las fotos de un usuario a través de un calendario que muestra las fechas en las que fueron tomadas, es una función que también puede extrañarse en la experiencia de 500px.



Repasadas algunas fortalezas y debilidades de estas dos comunidades fotográficas, es difícil determinar cual de ellas es superior en términos generales. La competencia parece haberse encendido y muchas de las desventajas de Flickr son desventajas estéticas que pueden ser corregidas a través de un aplicado proceso de rediseño gráfico que no debería revestir mayor dificultad para el equipo de Markus Spiering. Otros desafíos, como los que enfrenta el algoritmo de Explore,  cada vez más obsoleto, evidencian la necesidad urgente de procesos más complicados de remodelación y de una nueva aplicación que genere más interacción entre usuarios.  Si estos procesos no empiezan pronto, el algoritmo que le dio vida a Explore corre el riesgo de dejar de ser el gran árbitro de la popularidad de las fotografías en Internet, lo que sería una pena después de tantos años de servirle al ciberespacio como una vitrina para imágenes fascinantes. A pesar de los anuncios de Spiering que prometen grandes cambios en Flickr, el futuro incierto de Yahoo pone por lo menos en duda la posibilidad de que se destinen los recursos necesarios para que Flickr vuelva a brillar y deje de lucir como una comunidad fotográfica para los nostálgicos de las estéticas noventeras.

Lo cierto, por ahora, es que los días en los que Flickr dominaba sin rival están en el pasado. 500px pisa fuerte.



*How Yahoo Killed Flickr and lost the internet en: Gizmodo. http://gizmodo.com/5910223/how-yahoo-killed-flickr-and-lost-the-internet



miércoles, julio 04, 2012

Sobre Hitch-22

Leer Hitch-22 no es fácil.  Decía Salman Rushdie en un homenaje a Hitchens que discutir con -The Hitch- normalmente implicaba enfrentarse a un montón de referencias que Hitchens daba por obvias pero que usualmente sus interlocutores desconocían. Y esa es la primera advertencia obligada para alguien interesado en leer Hitch-22: Prepárese para pasar algunas horas en la Wikipedia o pasando las páginas de su enciclopedia preferida. Lo que hay consignado en Hitch-22 son las memorias del hombre que Richard Dawkins y Lawrence Krauss consideran uno de los hombres "mejor leídos" que hayan conocido.

Pero es precisamente esa primera dimensión de dificultad la que hace que valga la pena leer Hitch-22. El libro está lleno de referencias que proponen nuevas lecturas y de las sutilezas inter-textuales que solo puede poner en marcha una extraordinaria erudición como la de Hitchens. En el sentido de literatura como acumulación este libro es literatura de primer nivel y algunos de sus capítulos podrían ser puntos de partida para alguien interesado en explorar los autores ingleses y la relación entre lo ingles y lo americano. El Hitchens Anglo-americano está presente en Hitch-22 en algunas temáticas, pero el Hitchens que escoge palabras, que forma frases, el Hitchens obsesionado por la literatura es un Inglés de sesenta-y-tantos años, con una afición casi enfermiza por la ironía.

Quienes reseñaron la primera edición en su idioma original sugieren que leer a Hitchens no es fácil, además, porque sus párrafos están llenos de circunloquios extraños. Antes de hacer un punto Hitchens parece tomar una idea y dar vueltas alrededor de ella hasta el cansancio. Así es: en la primera parte  algunos párrafos de Hitch-22 parecen seguidillas inagotables de frases puestas una tras otra con el fin de poner a prueba la paciencia del lector. Pero hay que decir, para hacerle justicia a Hitch-22, que en esa primera parte llena de frases resbalosas se abordan los temas más personales: su infancia, su familia, el suicido de su madre. Tiene excusas Hitchens para ser resbaloso, por lo menos en la primera parte de sus memorias, la más íntima.

Finalizada esa primera parte, tal vez muy lenta, Hitchens se ocupa de sus amigos y ahonda en un tema recurrente a lo largo de sus memorias: la amistad. Las personas que lo conocieron concuerdan en que la amistad era uno de sus dones. Y es innegable que Hitchens fue muy afortunado en lo que respecta a acumular amistades interesantes, contando entre sus amigos a Martin Amis,  James Fenton, Salman Rushdie y por lo menos por algún tiempo, a Edward Said. Todos ellos, autores brillantes, son los protagonistas de al menos un capítulo en Hitch-22. Fenton se nos presenta como un talentoso poeta bonachón y abnegado, Amis como un genio del lenguaje, Rushdie como un héroe literario que todo lo ha leído y Said como un elegante profesor lleno de ambivalencias. Hitchens los describe a través de varias anécdotas generosas y llenas de detalles, de recuerdos muy vívidos. La facilidad con la que evoca imágenes y pequeños acontecimientos es asombrosa.

El gran tema de Hitch-22, sin embargo, parece ser el tema que siempre obsesionó a Hitchens: La posibilidad de pensar independientemente, las maneras con las que se forja pensamiento realmente independiente. Sus exploraciones de esta temática son el eje central de sus letters to a young contrarian,   pero también son parte importante de estas memorias primordialmente en el capítulo en el que justifica su apoyo a la segunda intervención americana en Irak. Una buena razón para leer Hitch-22 es precisamente que permite un vistazo muy íntimo a las experiencias que templaron el intelecto de uno de los grandes pensadores independientes de nuestros tiempos. Un vistazo muy cercano y lleno del humor sofisticado que se convirtió en su sello característico.

Para resaltar además, es el capítulo en el que se narra el descubrimiento tardío de su genealogía judía. A través de esa experiencia, Hitchens propone una visión sobre lo que significa ser judío, sobre la naturaleza dialéctica de algunas de las tradiciones judías y sobre el antisemitismo. La historia de su madre, quien murió sin haberle contado a Christopher y a su hermano Peter sobre su ascendencia, es un gran ejemplo y una gran introducción a las virtudes y vicios del pueblo elegido.

Estas memorias de Christopher Hitchens parecen sugerir que no es tan fácil la vida de alguien que decide pensar por sí mismo, que pueden perderse muchos amigos y aliados en el camino. Pero también sugieren que escoger ese camino vale la pena.  Hitch-22 es un libro importantísimo porque nos recuerda que el consenso es, por lo general, sobrevalorado. Que alguien tiene que atreverse a desafiarlo.