Juan Daniel y el huevito de la JEP

Este es el video de un exmilitar, de rodillas, pidiéndole perdón a la mamá y a la hija de un muchacho al que mandó a asesinar para hacerlo pasar como guerrillero.  Las dos lo abrazan y lo perdonan públicamente.  Una cierta facción de la política colombiana quiere hacernos creer que la JEP es una suerte de mecanismo propagandístico que se inventó la izquierda para desprestigiar al ejército de Colombia y para hacer cacerías de brujas.  Pero estos ejercicios de franqueza en los que las víctimas tienen voz y los victimarios tienen que poner la cara son tan conmovedores y contundentes que causan el efecto contrario: Recuperan la dignidad de nuestro ejército y de los jueces.

 Sería muy ingenuo pensar que no hay una dosis de efectismo propagandístico en estas audiencias, pero los videos son concluyentes. Se trata de los victimarios reconociendo públicamente con pelos y señales una verdad muy dolorosa: Que ellos que tenían el deber máximo de protegernos nos estaban matando.  Se trata de nuestras instituciones observando esta verdad con detenimiento y haciendo lo que pueden para que estas atrocidades nunca vuelvan a suceder.  Las instituciones reparando a las víctimas en la medida de lo posible, pero además reparándose a sí mismas.

 Y es obvio que la que se propone es una justicia -posible-, una que a veces solo ofrece reparaciones simbólicas, pero esto no se lo inventó la izquierda colombiana ni el comunismo transnacional que se imaginan los lectores de Agustín Laje.  Hay ríos de tinta muy sofisticados sobre la Justicia transicional como instrumento para pasar de un estado de guerra e injusticia insoportable a una paz posible (a riesgo de sonar Santista). Hay experiencias de justicia transicional importantes desde Suráfrica hasta Argentina.

 Estamos en época de elecciones.  En el tarjetón hay un par de candidatos que dicen (algunos más claramente que otros) que van a acabar con la JEP, así como el gobierno Duque dejó morir por mil cortes el único camino que se vislumbraba para alcanzar la paz.   La nueva narrativa de Paloma, payanesa formada en Los Andes pero de misterioso acento paisa (tal vez lo heredó de su padre) es que todo este ejercicio de la JEP es carísimo y no ha logrado mucho.  Si ella gana, es ella la que va a tener que cuidar este huevito. La misma que hizo campaña por el -no-, la del partido que hizo trizas el acuerdo de paz.  La que tiene un papá muy bravo al que no le caería en gracia que nazca el pollito.  Y todo esto a pesar de Juan Daniel, muy chévere él, pero muy oportunista, usando el eslogan vacío de “construir entre diferentes” para lavarle la cara al partido que hizo trizas la paz.

 Recordemos entonces que este es el partido que muy joseobduliamente se adueñó de la palabra “centro”, restándole la utilidad semántica que el término habría podido tener en el discurso político Colombiano, aunque no haya muchos que crean que el Centro Democrático sea centrista (ni tampoco muy democrático).  Es una fórmula que ya conocen, Juan Daniel es el nuevo parapeto para atraer los votos “del centro”, que parecen ser decisivos en segunda vuelta. Y no creo que Juan Daniel sea ajeno a esta realidad (sus diferencias con Paloma quedaron muy claras en esta entrevista de la Revista Cambio). Creo que no le importa, que es peor: Él va a avanzar su carrera política aunque eso signifique darle un barniz de “centro” al partido de ultraderecha que estuvo aferrado en el poder desde Uribe hasta Duque.  Uribismo reencauchado por obra y gracia de un gay urbano con doctorado en Francia.  Las ironías de la política. 

Y sí: Paloma es lo mejor que puede ofrecer el Centro Democrático, pero la vara no está muy alta. No vocifera tanto (aunque lo intenta) y puede hilar frases para construir argumentos coherentes .  Se dice que era la ñoña de su clase en los Andes.  Lo mejor que ha hecho en política es haber escogido a Juan Daniel como su fórmula vicepresidencial.  Muy bien.  Pero que no se nos olvide, aunque Juan Daniel sea tan pero tan chévere, que su jefa es la cara más amable del partido que tuvo el poder por 20 años y ya peleó la guerra y en esa lógica tal vez (si somos generosos) hizo lo que pudo.  Ya no tiene más nada que ofrecer. 

 

Coda: Lariza Pizano señalando la incoherencia:

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