miércoles, julio 04, 2012

Sobre Hitch-22

Leer Hitch-22 no es fácil.  Decía Salman Rushdie en un homenaje a Hitchens que discutir con -The Hitch- normalmente implicaba enfrentarse a un montón de referencias que Hitchens daba por obvias pero que usualmente sus interlocutores desconocían. Y esa es la primera advertencia obligada para alguien interesado en leer Hitch-22: Prepárese para pasar algunas horas en la Wikipedia o pasando las páginas de su enciclopedia preferida. Lo que hay consignado en Hitch-22 son las memorias del hombre que Richard Dawkins y Lawrence Krauss consideran uno de los hombres "mejor leídos" que hayan conocido.

Pero es precisamente esa primera dimensión de dificultad la que hace que valga la pena leer Hitch-22. El libro está lleno de referencias que proponen nuevas lecturas y de las sutilezas inter-textuales que solo puede poner en marcha una extraordinaria erudición como la de Hitchens. En el sentido de literatura como acumulación este libro es literatura de primer nivel y algunos de sus capítulos podrían ser puntos de partida para alguien interesado en explorar los autores ingleses y la relación entre lo ingles y lo americano. El Hitchens Anglo-americano está presente en Hitch-22 en algunas temáticas, pero el Hitchens que escoge palabras, que forma frases, el Hitchens obsesionado por la literatura es un Inglés de sesenta-y-tantos años, con una afición casi enfermiza por la ironía.

Quienes reseñaron la primera edición en su idioma original sugieren que leer a Hitchens no es fácil, además, porque sus párrafos están llenos de circunloquios extraños. Antes de hacer un punto Hitchens parece tomar una idea y dar vueltas alrededor de ella hasta el cansancio. Así es: en la primera parte  algunos párrafos de Hitch-22 parecen seguidillas inagotables de frases puestas una tras otra con el fin de poner a prueba la paciencia del lector. Pero hay que decir, para hacerle justicia a Hitch-22, que en esa primera parte llena de frases resbalosas se abordan los temas más personales: su infancia, su familia, el suicido de su madre. Tiene excusas Hitchens para ser resbaloso, por lo menos en la primera parte de sus memorias, la más íntima.

Finalizada esa primera parte, tal vez muy lenta, Hitchens se ocupa de sus amigos y ahonda en un tema recurrente a lo largo de sus memorias: la amistad. Las personas que lo conocieron concuerdan en que la amistad era uno de sus dones. Y es innegable que Hitchens fue muy afortunado en lo que respecta a acumular amistades interesantes, contando entre sus amigos a Martin Amis,  James Fenton, Salman Rushdie y por lo menos por algún tiempo, a Edward Said. Todos ellos, autores brillantes, son los protagonistas de al menos un capítulo en Hitch-22. Fenton se nos presenta como un talentoso poeta bonachón y abnegado, Amis como un genio del lenguaje, Rushdie como un héroe literario que todo lo ha leído y Said como un elegante profesor lleno de ambivalencias. Hitchens los describe a través de varias anécdotas generosas y llenas de detalles, de recuerdos muy vívidos. La facilidad con la que evoca imágenes y pequeños acontecimientos es asombrosa.

El gran tema de Hitch-22, sin embargo, parece ser el tema que siempre obsesionó a Hitchens: La posibilidad de pensar independientemente, las maneras con las que se forja pensamiento realmente independiente. Sus exploraciones de esta temática son el eje central de sus letters to a young contrarian,   pero también son parte importante de estas memorias primordialmente en el capítulo en el que justifica su apoyo a la segunda intervención americana en Irak. Una buena razón para leer Hitch-22 es precisamente que permite un vistazo muy íntimo a las experiencias que templaron el intelecto de uno de los grandes pensadores independientes de nuestros tiempos. Un vistazo muy cercano y lleno del humor sofisticado que se convirtió en su sello característico.

Para resaltar además, es el capítulo en el que se narra el descubrimiento tardío de su genealogía judía. A través de esa experiencia, Hitchens propone una visión sobre lo que significa ser judío, sobre la naturaleza dialéctica de algunas de las tradiciones judías y sobre el antisemitismo. La historia de su madre, quien murió sin haberle contado a Christopher y a su hermano Peter sobre su ascendencia, es un gran ejemplo y una gran introducción a las virtudes y vicios del pueblo elegido.

Estas memorias de Christopher Hitchens parecen sugerir que no es tan fácil la vida de alguien que decide pensar por sí mismo, que pueden perderse muchos amigos y aliados en el camino. Pero también sugieren que escoger ese camino vale la pena.  Hitch-22 es un libro importantísimo porque nos recuerda que el consenso es, por lo general, sobrevalorado. Que alguien tiene que atreverse a desafiarlo.





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